martes, 3 de abril de 2012

El niño y el deporte, disfrutar y competir.


Es indudable, sobre todo en estos tiempos, la importancia que tiene la actividad deportiva en el desarrollo físico, psicológico y social de los niños. El deporte es concebido como una actividad lúdica; el ejercicio regular favorece la integración social, le da forma a los valores, aumenta el sentido de solidaridad, de colaborar por encima del individualismo; les enseña a los niños a cumplir con las reglas y a tener responsabilidades; con respecto a lo físico se produce un aumento de las habilidades motoras, favorece el desarrollo de huesos y músculos, mejora el movimiento coordinado e incrementa el placer por el ejercicio; desde lo psicológico, basicamente, mejora la tolerancia a la frustración y el control sobre los impulsos y ayuda a formar la personalidad, entre otras cosas.

Cuando se practica un deporte no solo se realiza una actividad, sino que esa actividad contiene en sí misma aspectos terapéuticos, de salud, pedagógicos, y socio-emocionales entre otros. Es por ello que la relación niño-deporte se convierte en fundamental para el desarrollo y crecimiento del niño, en ese camino muchos niños que "prometen", solo piensan en ganar y la mayoria son presionados por sus Padres, que solo desean el triunfo.

El Lic. Marcelo Roffe, Presidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina, en su libro "Mi hijo el campeón -las presiones de los Padres y el entorno-", destaca con claridad las diferentes formas de actuar de los padres y la relación de los mismos con sus hijos en relación con el deporte:
Hay distintos tipos de padres: los que emiten un doble mensaje, los desinteresados, los hipercríticos, los sobre-protectores, los que todo el tiempo vociferan contra el arbitro y el rival, los violentos, los que dan indicaciones como si fueran entrenadores sin serlo... Todos estos son fuentes de estrés y de agresión, pero están también los equilibrados (lamentablemente son un 10 por ciento).
Los padres pueden ser una guía y un agente motivador o un factor de presión. Podemos graficar dos tipos de miradas (padres) : uno, el que le pregunta al hijo, luego de un partido, ¿te divertiste? y el otro, que pregunta: ¿ganaste?
La mayoría de los padres creen tener un Messi o un Tevez en su casa y generalmente no es así. Entonces los niños cargan con las frustraciones de los papás. Eso, además de ser producto de un modelo de sociedad resultadista, triunfalista, exitista, tiene relación con el querer “salvarse” por medio del hijo.
Hoy se juega menos, se disfruta menos y se aprende menos, pues cada día el triunfo, obtenido a cualquier precio, es el único valor sustentable. Poder disfrutar del deporte, a través del juego, paso a ser un pensamiento naif y descolgado de la realidad”. Si no hay placer lúdico no se puede sostener el proceso de aprendizaje y este no podrá ser volcado en lo competitivo. “La necesidad de triunfo asfixia, y el logro se aleja, pues la capacidad de pensar libre y creativamente y la capacidad de movernos...se achican notablemente”.

En ese 10% de padres equilibrados del cual nos habla el Lic. Roffe, podemos decir que esos Padres se preocupan por sus hijos pero se involucran lo justo y necesario, no exigen, contienen de forma adecuada a sus hijos, por supuesto que lo viven con pasión pero sin ejercer presión, aconsejan  y orientan a sus hijos sobre valores importantes y le dan importancia al jugar y disfrutar, y respetan el trabajo del entrenador.


Sabemos que el camino para un niño que tiene proyección como deportista de elite es muy difícil, entrenar duro, competir y ganar; no es lógico que un niño de tan corta edad sienta tales presiones, el desafío de profesores, entrenadores, psicólogos es lograr que en ese peregrinar hacia la supuesta gloria no perdamos de vista la formación humana del niño, como dice Posadas Kalman y Javier Ballesteros Martínez   "los niños no deben preocuparse por el resultado, por el rendimiento, sino por la experiencia de competir, divertirse con ella y aprender a disfrutar en ella. Llevan toda la semana, meses entrenando y ahora van a demostrar lo que han hecho, no debe suponer estrés, sino ilusión".
Creo que somos capaces como profesionales (profesores, entrenadores, psicólogos, etc) de transformar ese camino, sin dejar de formar a un deportista de elite, trabajemos con el niño "ser humano" y seamos creativos.
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Lic. Gustavo Ruiz

Bibliografia:

  • Roffe, Marcelo,  Fenili Alfredo, Giscafre Nelly. “Mi hijo el Campeón”. Las presiones de los padres y el entorno. Lugar Editorial S.A. Buenos Aires. 2003.